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El neoyorquino Garry Winogrand (1928-1984) es uno de los fotógrafos más importantes e influyentes del s. XX, a la altura de Walker Evans o Robert Frank.

Retrata la cotidianeidad de la vida americana donde también queda retratado como los conflictos del país se reflejan en la sociedad, una huella sutil en ocasiones evidente en otras, que queda captado por su cámara. Las expresiones de la sociedad americana ante el enfrentamiento constante con la URSS. las guerras de Corea y Vietnam y la crisis de los misiles en Cuba conforman buena parte del desarrollo de la obra de Winogrand. Su mirada va a una sociedad con personas entusiasmandas, o perdidas, alegres, ausentes o mimetizadas con el ritmo de su entorno, ya sea NY o sea Dallas. No debemos olvidar que su vida y obra transcurre en décadas en las que Estados Unidos atraviesa el fin de la Segunda Guerra Mundial, la instauración de un nuevo orden mundial: la Guerra Fría.

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Garry Winoward nació en el Bronx, pero se trasladó al corazón de Nueva York, a Manhattan, escenario principal de sus famosas fotografías en los sesenta. Retrató, incansable, su vida urbana. Tanto por el contenido como por su estilo de sus fotografías, se convierte en una de las grandes voces de los 60 y 70. John Szarkowski, conservador del Museum of Modern Art, se refirió a él como “el fotógrafo central de su generación“.

Winogrand derrocha energía y un entusiasmo en su trabajo, básicamente mira y dispara con una técnica que domina al vuelo pero que no le obsesiona. Esa manera de hacer fotografía dio lugar a imágenes impactantes, conmovedoras y muy descriptivas del siglo XX. Para Winogrand era mucho más interesante el acto de tomar fotografías que revelarlas, o exponerlas. 

Garry Winogrand fue un street photographer obsesivo. Sus fotos de uespacio y tiempo concreto, trascienden desde un escenario urbano que destila cierta artificialidad. Winogrand estaba convencido de que una fotografía no solo era incapaz de cambiar el mundo, sino incluso de explicarlo. La vida era un espectáculo que empezaba cuando el miraba.

Trabajó como fotográfo publicando en diversas revistas ilustradas de difusión general como Life, Look, Sports Ilustrated, Collier’s y Pageant, pero abandonó el fotoperiodismo volcándose en una la nueva cultura fotográfica vinculada al mundo del arte. Con sus contemporáneos Diane Arbuus y Lee Friedlander compartió la exposición New Documents (1967) en el MoMA de Nueva York que supuso, de hecho,una redefinición de la fotografía documental.

Cerca del final de su vida, tenía el propósito de revisar y reeditar todas sus fotografías, pero no tuvo la oportunidad de dar forma a su legado. Dejó 6.500 carretes sin revelar (más de 250.000 fotografías), que él mismo nunca llego a ver, además de hojas de contactos de sus primeros años que marcó y nunca positivó. 

Esta es la exposición retrospectiva sobre Garry Winoward más amplia de los últimos 25 años, más de 200 fotos que permite realizar una rigurosa revisión del fotográfo, y puede verse en la sala Barbara de Braganza de la Fundación Mapfre en Madrid.

La muestra tiene tres secciones: la primera “Bajando desde el Bronx”, recoge las fotografías tomadas por el artista en Nueva York desde 1950 hasta 1971; y es la más vital, la segunda sección, “Un estudiante en Norteaérica“, presenta fotografías del mismo periodo pero de fuera de Nueva York. La muestra se cierra con “Auge y crisis”, que cubre la producción tardía del artista, en gran parte asociada a Texas y Los Ángeles, desde 1971 hasta su muerte, se nota al final de su vida y obra que se sigue moviendo por impulso y aunque ha perdido cierta ilusión, hay aquí alguna de las fotos más geniales de la muestra.

Aproximadamente la mitad de las fotografías que se presentan en esta muestra nunca habían sido publicadas ni expuestas, y más de 80 fuero impresas específicamente para esta exposición a partir de negativos dejados por Winogrand.

“No hay nada tan misterioso como un hecho claramente descrito”, afirmaría Winogrand.

Garry Winogrand con imágenes complejas reproducen la vida como es, sin juicios morales, a veces dura e incluso cruel y otras irónica o simplemente maravillosa. Y lo hace con una fotografía natural, directa, sin manipulaciones. 

Refrescante y recomendable al 100%.

beso

Hasta el 3 de mayo en Madrid, Fundación Mapfre.