Mannequin fatigué
Mannequin fatigué, 1926. Man Ray
Comparto este post que leí hace unos días. Es de Gemma Mompart y lo leí en Idacción, una web de actualidad para negocios. Se refiere de entrada a como afrontar las dificultades a la hora de emprender en tiempos como estos pero me ha parecido extrapolable a casi cualquier situación e incluso la cotidianidad de la vida. Por eso, añadiéndole algunas notas, he creído interesante compartirlo en el blog. No esta de más coger un poco de aire entre semana. Ahí va:
Nadie duda de que estamos viviendo una etapa muy dura. Las dificultades económicas están provocando un profundo malestar y hondas preocupaciones en las personas y la sociedad en general. Se zarandean las bases de la convivencia, el respeto y el ambiente que se respira por la calle no es precisamente de euforia y buen humor.
Esto, aunque no lo queramos, nos afecta también. ¿Cómo podemos sobrellevarlo sin caer en el desánimo? ¿Qué podemos hacer para encarar las situaciones y no tirar la toalla?
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Algunas ideas que nos pueden ayudar:
1. Aceptar la situación, no la podemos escoger pero  sí decidir con qué actitud queremos vivirla.
Sí, es fácil decirlo y muy difícil hacerlo. Lo sé. Sin embargo, las cosas son como son y de nosotros depende la manera como las tomemos. No vamos a poder modificar los grandes acontecimientos solos, eso está claro, pero sí podemos contribuir con nuestro granito de arena a estar mejor con las personas que nos rodean en nuestro día a día. Podemos actuar local, pensando global. Todo suma, y nuestro entorno inmediato es lo más importante.
2. Centrar nuestro pensamiento en el “ahora”
Si logramos vivir cada día como un día único que es, nos daremos cuenta de que le sacamos máximo jugo. Si pensamos cada día sólo en ese día, será más difícil que nos preocupe el mañana y  más fácil que disfrutemos el presente. Nada más existe en realidad y es cada instante el que vale la pena vivir intensamente.
3. Aislar los problemas en “compartimentos estancos”
Lo decía Dale Carnegie. Nos será más sencillo resolver los problemas si los fragmentamos en partes más pequeñas. Nos dará la sensación de que son más fáciles de abordar y que podemos hacerlo por etapas. De otro modo, corremos el riesgo de quedarnos paralizados al vernos desbordados por la inmensidad de un montón de cuestiones pendientes de solución. Es un clásico, no ya sólo hay que evitar hacer extensivo un problema a todo en la vida, sino que si son varias las cuestiones al resolver y todas las dejamos expandir la sensación de impotencia está asegurada y no sólo no resolveremos sino que aumentaremos el malestar, corriendo el peligro de tener la sensación de “colapso”.
4. Ver el vaso “medio lleno” 
Y no hablo de un postureo facilón y tonto. No. Se trata de tomar consciencia de todas aquellas cosas realmente positivas en nuestra vida –seguro que las hay–, porque este tipo de pensamientos nos cargan las pilas para seguir adelante. Nos sirven para mantener niveles de energía altos y la motivación necesaria para continuar caminando. Hay que tener presente las cosas buenas de la vida y darles la importancia que merecen, que es mucha.
5. Evitar la parálisis por el análisis
Si pensamos demasiado en las cosas que pueden acontecer en el futuro, corremos el riesgo de quedarnos parados. Y quedarnos parados, ahora, significa retroceder. Porque la vida sigue rodando y cada vez lo hace más deprisa. La acción nos abre puertas, nos aclara la mente y nos ayuda a ver nuevas oportunidades. Como decía Machado: “se hace camino al andar”.
Básicamente, lo que depende de nosotros, depende de nuestra actitud. No es sencillo, pero lo que está claro es que si nos instalamos en la queja y el victimismo es todavía peor. Si avanzamos, ocurren cosas, se abren posibilidades de mejora.
“No pasa nada hasta que algo se mueve”, afirmaba con tino Albert Einstein.