“Pueden exterminar a toda una generación, arrasar sus casas y aún así, el pueblo se repondría. Pero si destruyen su historia, si destruyen sus logros, es como si nunca hubiera existido. Eso es lo que Hitler quiere”
George Clooney, Monuments Men (2014)

La película, basada en la novela homónima de Robert Edsel, es un ejercicio didáctico, de honor y memoria y un toque de atención sobre la importancia de la cultura, su uso político, su enorme valor y el de aquellas personas que en esa guerra, como en otras cercanas, pusieron su vida de por medio para salvar obras históricas o modernas que nos definen, nos explican y dos construyen como sociedad. En la red puede leerse bastante sobre la historia real de los Monument Men y sorprende que esta historia no fuera más conocida por el gran público. Les animo a investigar. 

The Monuments Men, fue una brigada especial formada por museólogos, conservadores y restauradores que recuperaron más de 5 millones de piezas de artistas como Miguel Ángel, Botticelli, Vermeer o Rembrandt en la II Guerra Mundial.  La mayoría eran mayores para ser movilizados como combatientes, así que con una formación militar básica y “en directo”, participaron de la contienda a finales de la II Guerra Mundial (1939-1945), tras el bombardeo de Pearl Harbour, con la misión de recuperar las obras de arte robadas por los nazis y devolverlas a sus propietarios. El objetivo de Adolf Hitler era reunir todas ellas en un museo, el “Führer Museum”, en Linz (Austria) y el ejercito alemán tenía orden de destruirlas en cuanto el Reich cayera, cosa que estaba apunto de suceder.

Puedo confesar que entré sin mirar bien el cartel. Tan sólo el reparto, Bill Murray en especial, y algo del argumento y me permití la torpeza de salir comentando que el director debía ser alguien con una sensiblidad especial para haber hecho esta película y tratar el tema de esta brigada de un modo tan personal. Debí leer: obviamente era de nuevo George Clooney.

Clooney en la revista Variety comentó: “Yo sabía que Hitler había robado muchas cosas. No tenía idea de qué. Eso no te lo enseñan en la escuela. Es por eso que me enamoré de la historia. Pensamos que hasta ahora se han hecho tantas películas de la Segunda Guerra Mundial, que ya no hay nada nuevo que decir. Es difícil el hacer algo tan inteligente como lo de Quentin (Tarantino, en “Malditos Bastardos”), quien puede matar y quemar a Hitler en un cine sólo por hacer algo diferente.

Es una película entretenida, de acción y para todos los públicos. No pierde tono, no entra en dramatismos y tiene humor, un poco yankee en algún momento. Esos actores no fallan, era como para pagar la entrada sin mirar, por lo menos para mi. La calidad está asegurada ya con un par de ellos. Se confirma esa confianza en el trabajo bien hecho por gente comprometida cuando lees declaraciones como estas, de nuevo del jefe Clooney: “Si les pagas a todos lo que realmente les pagan, entonces hablas de una película de 150 millones de dólares. Sencillamente no lo puedes hacer. Todos trabajaron por muy poco dinero. Les llamé, e incluso fui a verles personalmente. A Inglaterra, a Francia, a Australia. Eso sí que fue Jet Lag. Ir y volver en el día. Y ellos acudieron a protagonizar un filme con ganas de mostrar esa otra cara de la II Guerra Mundial, la que puso en peligro no sólo el futuro de Europa, sino su pasado cultural.” 

No sólo les convenció para participar en esta producción de 70 millones de dólares (cifra no muy elevada para los estándares de Hollywood), Jonh Goodman afirma que The Monuments Men es una de las mejores experiencias de su carrera, se ha hecho con cariño. 

Y se nota. Yo de vos no me la perdería.