Creo que Leo di Caprio es un actor que no hace más que crecerse en todo lo que hace: me gusta como energiza a sus personajes, sus cambios de humor, su sensibilidad repentina…todos los registros de los que el supuesto niño bonito es capaz me asombran, pero ya me quité la espinita de El lobo de Wall Street sin mucha pena ni gloria.

Pero este fin de semana tengo el corazón partido. No en las dos Españas, de las que Machado afirmaba que una de ellas nos habría de helar el corazón. Hoy, en el aniversario de la muerte del poeta, no estoy para esas españas, mañana seguro que sí. Hoy, me perdonará don Antonio, estoy entre dos estrenos con dos temas que me gustan de más, con unos repartos que prometen buenos trabajos. 

Una de ellas, no pasará del domingo. La otra deberá esperar un poco más.




¿El hombre en busca de sentido ante Google? Joaquin Phoenix -ese brillante Cesar bajando el dedo en Gladiator, esos ojos bondadosos o malvados según quiera mi mando a ditancia- hablando a de amor a una pantalla, deseando que un apagón le apague el corazón o le devuelva a la vida. ¿Puedo resistirme a ver Her?



O bien, acudo veloz al regreso de Bill Murray a la gran pantalla, tan bien acompañado por otro comprometido políticamente como él, pero no tan buen actor: George Clonney y con ese chico que perfectamente podría haber ido a mi instituto, Matt Damon. Arte, trabajo en grupo, y II Guerra Mundial. Temas con el que los guionistas están muy pesados en mis días: acabo cayendo en todos esos libros y documentales de la dos, cuya repentina frecuencia a veces me hace pensar que quizás no es azar, sino un recordatorio constante de que en los momentos de crisis conviene tener la cabeza en su lugar.

¿Monuments Men o Her?