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no agotarme 
intentando 
ser una persona excelente.

No soy perfecto
nadie es perfecto
y la perfección es oprimente.

Me permito rechazar las ideas
que me inculcaron en la infancia
intentando que me amoldara 
a los esquemas ajenos,
intentando obligarme
a ser perfecto: un hombre sin fisuras,
rígidamente irreprochable.
Es decir: inhumano.

Asumo plenamente mi derecho
a defenderme,
a rechazar la hostilidad ajena,
a no ser tan correcto como quieren;
y asumo mi derecho
a poner límites y barreras
a algunas personas
sin sentirme culpable.

No he nacido para ser
la víctima de nadie.

El texto es de Joaquín Argente y se encuentra en el libro ME DOY PERMISO PARA…, uno de los mejores regalos que mi amiga Elisabet me hizo y del que no tiro a menudo, pero sí en ocasiones, en días como hoy, en los que se amontonan las ganas de soltar bolsas al suelo y decir basta, en días en los que no tenemos ganas de HABLAR CON NADIE. O casi nadie. Porque no todo en esta vida se sana o cura mejor siendo hablado, no creo siempre en ello. Pero eso, será otro post.

Hoy me quedo con abrir al azar este librito, que no es más que un conjunto de breves anotaciones sobre la vida cotidiana y las distintas formas de enfocarla. Y lo abro al azar, porque ya sea parte del guión del día, ya sea mi mismo yo y mi mente apañada, o ya sea el azar puro y duro (el absurdo), que más me da, las palabras son las exactas.

¿Abres libros al azar? ¿Te sientes culpable al poner límites a la gente? ¿Crees que eres irreprochable? ¿Has nacido para ser víctima? (¿en serio?)