No estoy fea. Estoy incluso hermosa.
El espejo me devuelve una mujer sin deformidad.
Las enfermeras me devuelven la ropa, y una identidad.
Es normal, dicen, que esto suceda.
Es normal en mi vida, y en las vidas de otras.
Soy una de cada cinco, o algo así. Aún tengo esperanza.
Soy hermosa como una estadística. Aquí esta mi lápiz de labios.


Dibujo la boca antigua.
La boca roja que dejé con mi identidad.
Hace un día, dos días, hace tres días. Fue un viernes.
Ni siquiera necesito descansar; puedo ir a trabajar hoy mismo.
Puedo amar a mi marido, que lo comprenderá.
Que me amará a través de la mancha de mi deformidad
como si hubiese perdido un ojo, una pierna, la lengua.


Y entonces me levanto, la vista algo borrosa. Entonces me alejo
sobre ruedas, en lugar de piernas, me sirven igual de bien.
Y aprendo a hablar con los dedos, sin lengua.
El cuerpo es ingenioso.
EL cuerpo de una estrella de mar puede regenerar sus brazos
y los tritones son pródigos en piernas. Y tal vez yo pueda ser
igual de pródiga en esto que me falta.

Sylvia Plath.
Tres mujeres, hoy hablamos de esta obra en Interletraje