Tomar la decisión de abandonar el cigarrillo no es fácil. Mantenerla es aún más complicado. Yo he ido y he vuelto a mi pesar en varias ocasiones. Y en estas últimas semanas, a mi pesar, tras más de un año y medio de vivir definitivamente sin la dependencia del tabaco esas ganas volvieron a rondarme. Si no he vuelto a fumar, es, sobre todo porque me molesta esa sensación de dependencia que genera el tabaco, la ausencia de libertad para estar en los lugares tranquilamente.

También me ronda la idea del autocastigo del fumador. Fumar en momentos de estrés para compensarse, viene a ser como hacerse heridas porque tuve un mal día o un disgusto. Algo que nos empuja a castigarnos más, a fumar, no puede ser bueno y debe ser barrido junto al cigarrillo. Fumar en momentos de alegría y ocio es un gran qué, y en largas conversaciones, ahí sí lo añoro. Y cuando eso sucede, cuando me veo tentada a fumar de nuevo y sé que no quiero se que ha llegado el momento de recordarme lo ridículo del hábito, la falta de amor por uno y el rechazo que contiene el gesto y los beneficios de haberlo dejado. 
Son numerosos los beneficios físicos, psicológicos y económicos que trae aparejado dejar de fumar. Si te lo estás pensando, o ya lo dejaste, seguro que encontrarás otras tantas buenas razones. Los principales beneficios de abandonar el tabaco se relacionan con la salud física. La mejora en la salud se produce de forma inmediata: a las 24 horas de dejar de fumar ya disminuye el riesgo de infarto; a las 48 horas se empieza a recuperar sensaciones tan placenteras como el gusto o el olfato; y a las 72 horas se respira mejor.
Con el paso de los meses, la persona ex fumadora experimenta un conjunto de beneficios en su salud. Disminuye la sequedad de la boca y el color amarillo de los dientes, y desaparece la tos, la congestión nasal y la sensación de ahogo. El cuerpo, curiosamente, se siente más ligero. Además, se recupera rendimiento físico porque mejora la capacidad respiratoria; aumentan los niveles de testosterona (y con ello el rendimiento sexual) y también mejora el aspecto de la piel.


Pero los beneficios no se quedan ahí. Uno de los aspectos más positivos de dejar el cigarrillo es que aumenta la autoestima, y mucho, porque se experimenta la sensación de haber recuperado la libertad que le había quitado la adicción al tabaco. Y eso que al principio, uno lo vive como una prohibición, una expulsión del supuesto Edén del fumador.
Otro beneficio bastante importante, más en los tiempos que corren, es el ahorro económico que se obtiene por dejar el tabaco. Fumar cuesta al año alrededor de 1000 euros solo en cigarrillos, a los que hay que con el tiempo habrá que agregar los gastos en atención sanitaria derivados de la pérdida de salud que supone esta adicción.

Con ese dinero me iré a Moscú, o a Polinesia, o a Lisboa, o a Pekín…y sin entrar y salir del país, entre vuelos, para fumar, que es una experiencia surrealista digna de confesar. ¿Qué has llegado a hacer para poder fumar? ¿Fumas por enfado o por placer?