Federico García Lorca y Salvador Dalí se conocieron en la Residencia de Estudiantes en enero de 1923 y mucho se ha especulado sobre el carácter de esa amistad. El epistolario entre ambos es una buena manera de asomarse a esa relación aunque en algunas ocasiones nos obligue a leer entre líneas. Hasta la fecha nunca se había reunido la totalidad de las cartas conservadas de Lorca y Dalí, las edita por primera vez y con algunas otras de la familia Dalí con Lorca, gracias a la Editorial Elba y al trabajo de Víctor Fernández y Rafael Santos Torroella.

Lorca nos muestra lo mejor de si mismo, tratando de seducir con la palabra a un Dalí que quiere estar a la altura intelectual del poeta, desplegando todo su ingenio y sentido del humor. Se impregnan mutuamente: Dalí absorbe la poesía de Lorca y la incorpora a su genio, Lorca se impregna de la locura surrealista de Dalí y enriquece así su forma de entender la realidad. Leer esas cartas a sido asistir a un juego intelectual de dos estéticas aparentemente enfrentadas con puntos álgidos en sus líneas que vale la pena descubrir por uno mismo.