El asunto de la personalidad siempre ha sido sumamente atractivo. No hay más que ver el ascendente que aún mantiene la astrología en las relaciones sociales, como si preguntar por el horóscopo en un primer encuentro fuera una manera popular de desvelar algunos rasgos del carácter -que curiosamente sus portadores, sean aries o virgo, suelen aceptar con agrado-. Melancólicos, coléricos, sanguíneos o flemáticos, en la clasificación de los cuatro temperamentos humanos que elaboró Hipócrates conocer al otro pasa por poder catalogar la pasta de la que está hecho. Aun sabiendo que una prolija colección de máscaras acompaña la presentación del individuo en sociedad, e incluso ante uno mismo. Los psicópatas, asegura Kevin Dutton, autor de La sabiduría de los psicópatas, abundan en las altas esferas y, de hecho, algunas de sus características son indispensables para ostentar el poder actuando bajo presión. Como el arte de pisotear a quien les tose sin que les tiemble el labio.
Ni autocrítica, ni sentimiento de culpa, ni inseguridad; una capa de barniz es incapaz de oscurecer del todo la frialdad de su mirada esencial para tomar decisiones de gran calado. Pero no siempre es posible detectar la falta de empatía, el sentimiento de omnipotencia o la obsesión por el control como rasgos de personalidades psicópatas. ¿Requerimientos necesarios para inquebrantables mandatarios? Como Putin, amigo del sanguinario El Asad, convertido ahora en prohombre global por haber detenido una nueva guerra en Siria ganando por la mano en capacidad de liderazgo al propio Obama. ¿Recuerdan al Putin de Beslán, y la escuela que su ejército asedió para acabar con un comando de terroristas chechenos -y de paso con más de 170 niños-; o del teatro moscovita donde también se asfixiaron con los gases 129 rehenes inocentes? Por no citar a Litvinenko, Politkóvskaya o a su opositor, reciente candidato a la alcaldía de Moscú, Navalni, y otros adversarios políticos de este exagente del KGB.
De la misma forma que escuchamos “un poco de ansiedad es buena”, tras la lectura del libro de Dutton uno se medio convence de que un punto de psicopatía también lo es en este mundo raro. Durante el curso de su investigación, el autor los ha conocido en todos los círculos y ámbitos de la vida, empezando por su padre. Y aparte de los Hannibal Lecter, también ha hallado “psicópatas que, lejos de devorar a la sociedad desde dentro, han servido, mediante una tranquila desenvoltura y tomando decisiones muy duras, para protegerla y enriquecerla”. Otro cosa sería su fiabilidad. Los que no son compasivos, ni dudan, ni tan siquiera sueñan, pueden cambiar el destino de un país, sí, con un rictus terrorífico.