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Viaje a Venezuela en septiembre de 1.999, fue mi primer viaje de cooperación. Llevaba meses pensando que me iba a Panamá, estudiando el tema, viendo fotos y un mes antes me dijeron que no: a Venezuela, así por las buenas. Y si hubiera sido por las cosas que publicaba El País de entonces, yo no viajo. Chávez llevaba un año el poder, y llegamos asustados con la firme intención de no hablar de política, con ¡miedo!. Pero todo el mundo sacaba el tema, nos hablaba de lo que pasaba de manera esperanzada, claro está que nadie debe confundirse, ni una de esas personas era rica. Pasé un mes y medio en San Juan de los Morros, con la gente del pueblo y entre la Penitenciaría General y la Casa Hogar, un orfanato.  Los fines de semana recorríamos el país, y de ese modo empecé a conocer mi ya admirada América Latina, en un país peligroso y con unos índices de pobreza espeluznantes entonces, pero bello a rabiar. Venezuela posee Andes, tiene Amazonas, es puro Caribe y en su interior están “los Llanos”. Llegar al Orinoco y pasar a Colombia es uno de mis puntos álgidos que más recuerdo de mi pasaporte, ese que me pidieron unos militares armados hasta los dientes y que habría puesto la mano en el fuego a que no sabían leer, pero lo disimulaban más o menos bien.
 
Visitar la puerta de la Asamblea Nacional era llegar al lugar donde El País me había mostrado a “las masas” protestando contra Chávez: el lugar era e-na-no. No hay que tener muchas nociones, fue mi primer contacto directo con la manipulación informativa.  Aún con todo, no podía evitar sentir recelo por un militar presidente, que había intentado dar un golpe de estado en el 92, y con esa información escasa me aventuraba a preguntar, sobretodo en la que era la democracia más antigua de América Latina (entonces y ahora). “A Chávez lo hemos votado, y si la democracia es la alternancia entre los dos partidos mayoritarios – socialdemócratas y democraciacristiana – que nos han robado hasta hartarse, y que no han hecho más que empobrecer a la gente: no queremos saber nada. Chávez contaba con la simpatía de la mayoría de la gente cuándo intento que el ejército acabara con eso en el 92, el viene de abajo y está harto como nosotros: por eso le hemos votado.” … ¿no os suena?
 
Eso es lo que vi y viví realmente y no lo puedo contar de otra manera. Otra cosa es que 14 años son muchos años. Al principio le vi cómo un rebelde, que tenía pocas posibilidades de levantar el país en los plazos que marcaba, ahí resbalaba, aunque las cifras que deja tras su muerte no me dan la razón, ha reducido la pobreza en un 39% entre otros datos que también pueden verse estos días en la prensa. No quería extenderme mucho más, salvo que Chávez es fruto de una corruptela y empobrecimiento de la población en democracia que nos debería hacer pensar. Ha dejado momentos en la política internacional que me gusta que queden en los libros, su famosa frase a Bush: “You ara donkey, Mr. Danger!” , su “Aquí huele a azufre” en la sede de las Naciones Unidas y mi favorito y algo menos popular “Yo voy al infierno si me da la gana” al irse a reunir con el resto de la OPEP y pisar suelo iraquí, pese a la prohibición estadounidense.
 
Me costó ver cuándo el tema se volvió crudo y delirante. El personalismo, el sentirse imprescindible y el fanatismo religioso me tiraron para atrás en su última etapa y personalmente nunca podré perdonarle el día que abrazó a Admarineyad, por ahí ya no puedo pasar. Tampoco me gusta el término chavismo, no es sano. Un proyecto de país, que aspira a agrupar a todo, que se basa en ideas, no puede centrarse en el líder, en ese momento se vacía: castrismo, peronismo, felipismo, franquismo. ¿A que sería rarísimo oír hablar de gandhismo o mandelismo? Claro,son proyectos mucho más grandes que su líder.
 
Los medios de comunicación no deberían hablar estos días de transición venezolana, es tendencioso, por no decir falso. Venezuela era y sigue siendo la democracia más antigua de América Latina. Chávez ha  ganado las elecciones con unos índices de participación que ya quisiéramos aquí.  En Venezuela hay una democracia…por mucho que la razón cree monstruos.

La Venezuela que deja Chávez no es más pobre pero si es está más tensa, y no le quiero quitar culpa, creo que en algún momento se le fue de las manos, de la cabeza. El tiempo lejos de dignificar relativizará las cosas. Hoy me preocupa el país que tan bien se portó conmigo y me abrió las puertas de muchos otros lugares que vinieron, más bien a los que fui, después, con tanta gente con vidas duras y sin tiempo de dejarse caer. ¡Y con muchas ganas de hablar!  De Venezuela hoy me preocupa Maduro: que tu lideres el proyecto que lleva tu nombre tiene un pase,te puede cegar, pero que lo haga otro que suelta lindezas como las que suelta, no me gusta, parece teatro y no estoy segura de que esté a la altura de las circunstancias. Me da miedo la oposición y sus ganas de revancha, ese rencor que destilan como clase hegemónica destronada es mucho.De Caprile aún falta mucho por ver,  tiene una imagen relativamente buena en el exterior, no te da hipetensión de oírle  vamos, pero me da que tiene fieros revanchistas detrás.

Chávez va a volver a ganar las elecciones, aún muerto – total, las ganó enfermo – y tras otro gobierno “chavista/bolivariano”, vendrá otra cosa. Si dejan a la sociedad destensarse y si dejamos de jugar a los buenos y a los malos, a los elegidos y a los traidores y se deja respirar a un país que sabe andar y sabe decir basta. Todo se irá viendo, si la noche no se rompe y si los procesos se respetan. Hablemos de procesos, no de transiciones.
Crucen los dedos conmigo.