Etiquetas

, ,

Santiago Carrillo comentaba, no hace demasiado tiempo en La Ventana, que le parecía increíble, o que algo no cuadraba, cuándo con 5 millones de parados en España no estaba todo el pueblo en la calle. Imposible, comentaba, sin que exista una economía sumergida, de subsistencia en este caso, y de solidaridad, que asegurara cierta paz social y de paso, falseaba los números. O eso, o mucho había cambiado la sociedad española. O quizás no veía el miedo existente, por lo de que sólo podemos ver, aquello que llevamos dentro.
 
Tanto hoy como mañana, los medios de comunicación van a encargarse de explicarnos su vida y hechos más destacados. Este será un caso paradigmático, de los que puede parecer una persona no distinta, si no incluso opuesta, según a quién le prestemos el oído. 
 
No entraré en detalles, aunque no puedo evitar aprovechar el día de su despedida para recordar que creo que han sido muy injustos con él, tanto los propios “camaradas”, como “el enemigo”, e incluso quizás más que nadie los primeros. Los segundos, al menos lo respetaron mucho tiempo. Excepto sus herederos, los del “enemigo” de la etapa de Carrillo, que hoy realizaron risitas en el pleno, cuando se le llamó Padre de la Democracia.
 
Tras una vida entregada a la causa republicana, y más tarde a la del PCE, fue expulsado de este último, por dos motivos que no le han perdonado: hacer una rueda de prensa con la bandera monárquica -constitucional  para acceder a la legalización del PCE en la Transición y renunciar a la Dictadura del Proletariado como camino al Socialismo, en lo que se conoció como Eurocomunismo. Fuera no estaba sólo, y en el fondo dentro tampoco lo estuvo tanto. Sin esos pasos, el comunismo español nunca habría entrado en el juego democrático actual, la misma democracia que quiso defender con las armas, porque otros se levantaron en armas antes contra ella, en el fatídico 1936.
 
La Guerra Civil se acabó hace mucho tiempo, pero Carrillo es algo más que un histórico de esa época. Fue un hombre comprometido con la sociedad en la que vivió, y que nunca dejó la política, ni de defender a la democracia y al pueblo. No nos quedamos huérfanos, nos deja una larguísima experiencia y además sui géneris, de las que escasean. Con detractores en todas las ideologías, con amigos en todas ellas.