Domingo por la noche, a las nueve y media empezaba en el Estadio Santiago Bernebéu el concierto de Bruce Springsteen, que dentro de la gira de su nuevo trabajo “Wrecking Ball” ofrecía en Madrid. Contradice este evento para mí, esa afirmación de que la antesala de un hecho feliz, siempre es mayor que el hecho en sí. El de anoche, ya es un concierto histórico, ha sido el más largo de su carrera con 3 horas y 48 minutos. Y ahí no paraba de saltar nadie. El record lo ostentaba el concierto que dio el 31 de diciembre 1980 en el Nassau Colioseum, al que por razones físicas y temporales, una servidora no pudo asistir. Pero sí, ayer y en una fecha que nos hacía esperar algo especial: hoy se cumple un año del fallecimiento de Big ManClarence Clemondssaxofonista, inseparable de Bruce Springsteen, impresionante en escena y miembro de la E-Street Band desde 1972. Echen ustedes las cuentas, 40 años tocando juntos y este aniversario pillaba a Bruce en el escenario, rockeando, el lugar donde es induscutiblemente The Boss

Y se creció.  


La Vitamina Bruce volvió a actuar, con esa dinámica suya, en la que la entrega, el agradecimiento y un espectáculo rock genuino, para bailar, saltar energizó a todo un estadio, que aún quedando entradas a la venta, concentraba a 60.000 personas. Sus amigos y público fiel, aumenta con los años y asisten varias generaciones, y porque el artista tiene algo muy entrañable que consigue, que semejante masa de gente parezca un grupo de amigos.  Hubo regalos,  tocó por primera vez en su carrera Spanish Eyes, habló de la crisis, apoyó a las personas que se están movilizando, cantando acto seguido una de las canciones que ha escrito al movimiento Indignado. No esperó a las 00h para recordar a Clarence Clemonds, a la media hora de concierto ya estaba dedicándole una canción sobre pérdidas, que nos hizo temblar, nunca había escuchado interpretar de ese modo My city of ruins…




También llegaron los clásicos: No Surrender, Dancing in the Dark, Born in the USA y la más esperada: Born to Run. Y uno de esos clásicos, nada más y nada menos que The River, fue para Nacho.


Se marchó y prometió que volvería, y aquí le esperamos. Con un recuerdo imborrable del concierto de ayer. Por algo le llaman el jefe