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Ricky Martin y Nicky Minaj
 
Sí, lo que ustedes están viendo es a un clásico entre los “machos” latinos levantando una barra de labios. Otra vez Ricky Martin, que revista que abro, revista que me lo encuentro rompiendo moldes. Nunca compré sus discos, pero cada vez me gusta más él. Le observo de reojo (ya quisiera yo) desde que en una entrevista años atrás, demasiado tiempo como para recordar la fecha y menos el programa de tv, la periodista le pregunto por el tatuaje de su brazo, un texto escrito en letras orientales y en espiral. La pregunta fue contestada sólo a medias por el entrevistado, que en un arranque de timidez notorio,  afirmó que era el padre nuestro en arameo, al revés y en espiral. “No soy especialmente católico, pero representa unos valores con lo que me enfadé hace tiempo y luego me reconcilié a mi modo. Es un mantra personal” y se notó que aquello era íntimo y no quería seguir hablando de ello. Eso sí, zanjó con una sonrisa y calidez que me dejó pensando, que aquel hombre era todo menos lo que estábamos viendo. En estos años creo que ha salido de algo más que del armario. Ha salido de mil corsés y muestra una de las pocas sonrisas sinceras del ámbito mediático.
Tras encontrar la imagen esta mañana investigué algo más, y encontré, además de una imagen que ya va bien para romper estereotipos, una buena causa. La imagen pertenece a la promoción de Viva Glam de MAC: cada céntimo del precio de venta de esta barra de labios se dentina a la lucha contra el Sida a través del Fondo MAC de Lucha contra el Sida. Esta institución trabaja conjuntamente con 400 organizaciones que trabajan en 66 países en la lucha contra el Sida y hasta la fecha ya ha recaudado y donado más de 224 millones de dólares a la causa.