Así de disparados están los mercados y los órganos de gobernanza internacionales y nacionales. Se ha pasado al recorte a diestro y siniestro para superar la crisis y día tras día voy leyendo una barbaridad tras otra. La sega no entiende, se ha cegado, ha olvidado digo yo, que se necesitan unos mínimos para la convivencia, para la cohesión social.  A no ser que la idea sea que sólo tiene derecho el más fuerte a vivir en sociedad, el adaptado a condiciones extremas. Sólo el capaz de producir sin descanso -yo me pregunto para el consumo de quién- “el rentable” tendrá un lugar dentro del circuito.

El papel lo aguanta todo pero mis ojos no. Ayer leía en todos los medios que el FMI alertaba – sí, de alarma- que hacerse viejo le sale muy caro a los estados, y que pone en peligro el estado del bienestar, además a nivel mundial, ojo que habla el FMI. Da cifras, y lo llama “riesgo de longevidad” que si aumenta tres años más de lo previsto la esperanza de vida para el 2050, el “coste del envejecimiento” aumentará en un 50%. No es rentable. Envejecer no es rentable. No conviene, no para nuestro sistema y mercados. Es más: es un peligro para el bienestar social.

A ver si voy a tener un baremo de cosas peligrosas yo, digamos distinto: peligroso me parece a mi la escalada armamentista, peligrosa me parece el hambre, peligroso me parece el paro, peligroso me parece el no acceso al crédito, peligrosos me parecen los dirigentes del FMI …



Y a ti ¿cómo se te queda el cuerpo?