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Esta es la portada de este mes de Vanity Fair, edición española. Me alegro de esta portada, desde luego mejor que algunas dedicadas a la alta alcurnia española a las que empezaba a tenernos medio habituados.
 
Con esta portada pone en imagen una realidad que la modernidad ha revestido de un debate que, en mi opinión, no debiera existir: la adopción por parte de colectivo de gays y lesbianas. Sigue siendo un debate, y conozco de buena tinta varios casos de chicos jóvenes que desean ser padres y que al iniciar los trámites se les advierte seriamente que no deben indicar su condición homosexual, o mostrar el estable hogar que mantienen con su pareja -un pro, en teoría-a riesgo de que su expediente, tarde o temprano, sea parado por la Administración.
 
Ricky Martín es el padre biológico de estos niños, porque en EEUU existen leyes distintas, pero en todo caso, ¿quién no se ha encontrado feroces detractores del derecho a la maternidad/paternidad del colectivo homosexual? Me parece sin embargo, que normalizar y garantizar ese derecho sólo vendría a adaptarse a la realidad. Que sea bueno para un niño tener un referente paterno y materno no es muy discutible. Que sea mejor en el caso de estar en manos de dos personas que vamos a dar por hecho: son sanas y están más o menos preparadas. Pero las familias han adoptado muchas más formas a lo largo de la historia y realmente, la novedad es más su reconocimiento que su existencia. Cuántos hombres y mujeres han enviudado y han criado a sus hijos, solos o con ayuda de otras figuras cercanas. La capacidad de una madre, o padre, en esa situación nadie la ha puesto en cuestión, más allá de las dificultades económicas que tampoco se aseguran ya en el modelo clásico. Ídem con hombres separados, a los que por esa regla de tres ¿debería negarse tal derecho?
 
Los niños deben tener alguien adulto siempre que les quiera, se responsabilice de su manutención y les eduque en el amor. 
 
Me gusta esta portada porque rompe una lanza en una revista de amplia difusión, y me gusta que sea Ricky Martín, simplemente porque me cae bien. 
 

Y siguiendo con el tema de clichés versus normalidad aprovecho para recomendar el post de hoy en el Blog “Cuatro letras” de Joana Bonet, El problema no son las princesas