El 30 de octubre de 2011 se escuchó una vez más “Ha sido niña!”, con Danica, nacida en Filipinas, sumábamos los 7.000 millones de habitantes. Un 57% de la población somos mujeres. Puedes llegar al mundo con traje de hombre o de mujer, un hecho tan aleatorio como imprevisible. Un gen marcará una diferencia que de entrada es sólo física y natural, y sobre la que podemos decir sin reparo aquello de “ningún tiempo pasado fue mejor”. 


Muchas estuvieron aquí antes y muchas actuaron en su vida de manera que nadie pudiera discriminar a ninguna mujer por ser. ¡Ha sido niña!, se oye, y sobre ella recaen un montón de proyecciones y deseos que se presupone cumplirá con gusto. Una niña será más cariñosa, preferirá a su papá y tendrá un refinamiento especial. Ella sin embargo será ajena a su condición, probablemente verá a todos los demás bebés iguales, le gustará jugar igual con María que con Manuel, todo es divertido. Puede que no sea una niña bonita, y tardará mucho tiempo en darse cuenta de que no hay niños feos, pero en ese momento ser una niña bonita y presumida o no marcará una diferencia casi de status. 

Hoy podrá jugar con juguetes de todo tipo, y tendrá la posibilidad de tener amigos y amigas por ir a un colegio mixto. Y esto sucederá porque mujeres y hombres de mente sana instauraron la escuela mixta en España entre 1932 y 1936, fueron represaliados, algunos dieron su vida, otras no pudieron volver a ejercer su profesión. 


Jugará con lo que prefiera, a mi me dió sin complejos por las Barbies -para desespero de mi madre- pero no le hacía feos a los coches, Hemans y Tentes a los que nadie me vetó el acceso. Las campañas, no sólo asociativas incluso gubernamentales, contra los juguetes sexistas no encontraron obstáculo entre la mayoría de padres y centros educativos. Fue en los 80 y hoy los prejuicios son cada vez menores. Quizás la llamen niño por defecto, al llevar el pelo corto en verano, pero no encontrará mucho más problema identitario. Eso sí, si le gusta el fútbol encontrará problemas para jugar con una masa de niños, que algo perplejos tendrán un pequeño debate hasta aceptar que sí, es una niña y le gusta el fútbol, y más de uno lo comentará en su casa alucinado, pero aceptando. Ellos lo superarán antes que la niña – que deseará ser un niño en las horas del patio, para jugar- y antes que los clubes deportivos más destacados. Puede que su padre tenga que hacer el trayecto de un par de ciudades más allá.

No ser una niña bonita tendrá sus complicaciones, y no sospechará que esa presión y esa exigencia podrá verla toda la vida.  Tanto si tiene la suerte del cisne como si no, ser mujer y ser bella será un tandem incuestionable. Hablo de la belleza en términos esteriotipados, entiéndase. La belleza es parte indispensable de la vida, saber apreciarla la hará sobrevivir, pero nadie tendrá respuesta cuando empiecen las depilaciones a la cera y los tirones de pelo para lucir melena ¿Por qué yo? ¿Por qué a mi? ¿Por qué esto? …nadie, ni la mente más progresista tendrá más respuesta que “eres una chica”. El miedo por los embarazos, las horas de regreso y la presión por la reputación, la acompañarán, nunca a su hermano. Según el entorno, causará monstruos de diversa índole en la mente de la joven. Las frases de algún amigo o familiar cercano del tipo “todas las chicas que siguen en la calle a partir de las cuatro de la mañana son unas p**t**s” no ayudará.

Otras lo vivieron antes, nada impidió a Sara Montiel o a Ava Gadner disfrutar en la España de los 50′ 60′ 70′ de su vida sexual (amorosa, perdón) cayera quien cayera. La primera sabe que la llamaron muchas cosas, a la segunda la echaron del país. Seguía existiendo esa discriminación en mi entorno de colegio e instituto y “debías” ir con mil ojos para no pasar a esa lista. Me pregunto si sigue siendo igual, y hoy una adolescente debe medirse tanto como sucedía todavía en los 90′.

Accederá si lo desea a estudios universitarios, tras examinarse de ciencias y letras llenas de méritos de hombres. Lo podrá hacer porque antes lo hizo en España Maria Goyri, a las puertas del S.XX. He descubierto en Madrid, que una de las hijas de Lope de Vega pudiera haber sido tan buena escribiendo como su padre. Acabó monja, y por supuesto si nuestra chica es religiosa no sueñe con dar misa, jamás tendrá la opción. Nuestra chica podrá ser casi de todo. 

Podrá votar, fueron las mujeres rusas quienes votaron por primera vez, un mérito de la Revolución Rusa que duró poco y al que siguió mucha sangre. En España lo podrá hacer gracias a mujeres como Clara Campoamor: las españolas votaron por primera vez en 1933 y no volvió a suceder hasta 1977. También muchas mujeres se divorciaron en la España republicana, y tuvieron que volver a su casa en el 36, a riesgo de una exclusión social voraz o exiliarse. 


Nuestra chica podrá trabajar y tendrá derechos gracias muchas generaciones de mujeres que no sólo salieron de sus casas para trabajar, si no que se dejaron la vida exigiendo sus derechos. Es posible que al incorporarse en el mercado de trabajo joven, tenga que armarse de humor, para pasar por alto las miradas de “donde va esta niñita” cuando tus reuniones se realicen principalmente con señores de un par de generaciones anteriores y mantengas la educación por lema. Todavía deberá demostrar que es válida, además de guapa, porque por supuesto, la exigencia de ser mujer y bella seguirá presente, como una losa incuestionable. Habrá quien se comporte como un hombre en gestos y maneras, en un intento desesperado por no pasar por el trance, y quien exagere su feminidad en un intento esperpéntico de vender que tiene “armas de mujer que un hombre no tiene”. Será absurdo, ambas se defienden, ambas tienen miedo.


Tu madre querrá que cases y que tengas niños, si tu proyecto es distinto tendrás que dar muchas explicaciones. Eso es algo que ya, no es una finalidad, un objetivo de vida para muchas mujeres. Vivir por vivir, requerirá muchas explicaciones familiares y sociales. Siempre tendremos a nuestras abuelas, cuya voz de la experiencia te recordará: haz lo que quieras, la vida ya trae dificultades, sé feliz. 

Lidiará nuestra chica, con el modelo actual de Superwoman y los medios insistirán en que si no puedes estar en varios sitios a la vez, chica ¡tienes un problema! Lidiará con hombres responsables de sus tareas y hombres que quieren que les resuelvan la vida. Nuestra chica ya sabe que no tiene porque tener un compañero de vida para toda la vida, que la vida tendrá sus momentos y que gracias a las que le precedieron tendrá recursos para estar siempre libremente con quiera estar. 

Muchas, renunciarán a la maternidad por su vida profesional, e incluso a su vida social. Otras no podrán hacerlo y comprarán pijamas a sus hijos casi compulsivamente, como en aquella peli, porque no va a compartir más tiempo que ese. Los equilibrios por ser una mujer “moderna y liberada” llenarán las consultas de los psicólogos. 

No puede quejarse, hoy en día si quiere y tiene tiempo y dinero para ello, podrá ser como una chica de 20 quizás hasta pasados los 50. Eso debería bastar.

Muchas nos precedieron, y hoy seguimos celebrando el 8 de marzo, en recuerdo a las que lucharon por el respeto que merecemos desde que se supo que ¡es una niña! y porque las que estamos debemos seguir dando los pasos que nos faltan. Y para que las que vendrán no encuentren que en algún momento lo echamos a perder y decidimos que pudiendo ser guapas y bellas hasta los 60, cobrando menos que un hombre por el mismo trabajo, y teniendo que escoger entre lo profesional y lo familiar, no había nada más que reclamar.

¡salud!



Feliz 8 de Marzo, por las que nos precedieron, por nosotras y por las que vendrán.