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A mediados del siglo XIX ya existía una cafetería en el local que ocupa hoy la pastelería “La Mallorquina”, en la Puerta del Sol de Madrid, esquina con calle Mayor (1894). Tras la gran reforma que ensanchó la Puerta del Sol (1858) se instaló allí esta mítica pastelería-cafetería; anteriormente en Jacometrezo, 4. A día de hoy sigue ofreciendo los pasteles ¡más buenos! de Madrid.

Fuente: http://www.madrid1936.es
Sus fundadores: Balaguer, Coll y Ripoll trajeron a la cocina madrileña productos mallorquines como la sobrasada y la ensaimada. Las ensaimadas con chocolate  se volvieron muy populares en la época. Era un lugar frecuentado por la clase alta, sus camareros iban vestidos de frac y hablaban francés. Pero estando situada en una de las esquinas más céntricas de la ciudad, con el tiempo, se abrió irremediablemente al resto de transeúntes. Su local se convirtió en algo más que una pastelería con ensaimadas. La Mallorquina era un centro de cultura, un lugar donde se organizaban cenas y tertulias en los primeros años del s.XX antes de la Guerra Civil.

La familia Ripoll vendió el negocio durante la guerra a sus actuales propietarios que siguen elaborando dulces, bombones y pastas con una calidad exquisita. La cafetería de la planta baja y la sala de arriba tienen un tránsito continuo, de los que saben que no todos los croissants son iguales y de los turistas que llegan con sus guías bajo el brazo. Puede accederse tanto desde la plaza de la Puerta del Sol nº8, como desde la calle Mayor nº2.

Yo he aprovechado el día de mi cumpleaños para realizar la visita y traer bombones y pasteles para mis compañeros. Y queda corroborado, es de vicio.

Sírvanse.