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El frío y la lluvia han postergado mi iniciación al patinaje en línea. Tiempo suficiente, sin embargo, para equiparse de más. Aprovecho que hay rebajas y una puede hacerse con esa ropa de deporte, que hasta la fecha, no me molestaba en mirar. 
 
Otro tema recurrente en rebajas, es ir buscando dos cosas básicas aquí: abrigos y botas. En Madrid la gente se viste tanto o más por fuera que por dentro, quiero decir, su paradigma es distinto. Cada mañana me cuenta Florenci Rey que en el exterior hay un grado y da gracias, pero en los interiores -cualquiera- te fríes. Es la ciudad de los abrigos y las camisas, ahora entiendo porqué.
 
En todo caso, sigue gustándome mucho ese frío seco, que te pega en la cara, pero no te cala los huesos. Parece saludable, pese al hongo gris que rodea a esta ciudad, cual reserva futurista aislada en la galaxia, y a la que los coches, que no dejo de escuchar me ponga donde me ponga, alimentan a diario.