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Vida. (Del lat. vita.) Estado de actividad de los seres orgánicos.
 
Orgánico, ca. (Del lat. organicus.) Dícese de la sustancia cuyo componente constante es el carbono, en combinación con el hidrógeno o con el nitrógeno, ya separados o juntos, y también con otros elementos. 
 
La cosa es así, toda nuestra experiencia, por mucho que la queramos trascender, se basa en una reacción química. No es que piense que todo se queda ahí, todo lo contrario, pero sí es cierto que todo empieza con una posesión básica: la vida, biológica. Gracias a ella, hacemos el resto de cosas, pensamos, sentimos e incluso hacemos tremendas ingenierías con ambas cosas. Pero ¿cuánto cuidamos esa base? Sólo cuando “enfermamos” recaemos en que sin volver a reconciliarnos con nuestro físico, y con la gestión de nuestros recursos, no podemos volver a pensar, a sentir, a elucubrar, a percibir. Son las dos puntas de una misma cosa. A estas alturas de la película, sabemos que somos algo más que una experiencia biológica, pero me pregunto que tan conscientes somos de que nuestra vida, es básicamente eso: una vida de carbono, sin la que no es posible todo lo demás.
 
La lista de cosas que me hacen pensar que lo hemos olvidado son cosas tales como: no miramos lo que comemos, no dormimos lo suficiente, lo primordial es llegar a todo, gastamos por encima de nuestras posibilidades, no reivindicamos un aire más limpio, no valoramos la belleza en su justa medida (podría parecer una frivolidad), buscamos la delgadez y no necesariamente la belleza, consumimos ocio, disfrutar de los placeres de la vida es visto como una extravagancia, cuando casi debiera ser una obligación.
 
Por eso, en días como hoy, me gusta recordar que tengo una vida material, ese tesoro sobre el que también se ha hecho poesía. Y que no sólo pasa deprisa, si no que debe ser disfrutado en el momento servido, como los mejores platos.