Septiembre ha pasado muy lento. Tras una ruta de 20 días por la Costa Oeste y una semana en la Costa Dorada, volver a Madrid y superarlo con garbo tiene su dificultad. Quizás por eso ha pasado lento aunque airoso.

Empezar un nuevo curso es demasiado similar a empezar un nuevo año pero igual los cursos llegan más suaves, con algo más de perspectiva que los fines de año que a veces te pillan como una borrachera rápida e inesperada y al día siguiente todo es básicamente igual que el anterior. Yo personalmente creo más en los buenos deseos que se cuecen al sol, que los lanzados con la sonrisa nerviosa de José Luis Moreno invitado a nuestro salón, o peor, Raphael poniendo B.S. al momento.

A veces esos buenos deseos vienen solos y así nos hemos encontrado en un Madrid que ya no me toma por un miembro de la tripulación de Aterriza como puedas y en el que empiezo a hacer un turismo real. Descubrirlo y contarlo aquí será un placer y se esperan sugerencias. Esta ciudad no te la acabas.