ANTONIO MARTÍNEZ GÓMEZ 
Publicado hoy en Información.es (Alicante)  

En un mundo tan cambiante, en el que la velocidad, la rapidez, las prisas, las urgencias y el estrés, caracterizan en gran medida nuestro estilo de vida y condicionan nuestra forma de ser; hablar de lentitud no sólo está mal visto por considerarse por muchos como algo negativo, además podría ser una provocación, un error e incluso sería ir contracorriente.

El denominado movimiento “slow” (“slow movement”) es una corriente de pensamiento que se plantea recuperar la calma para saborear y disfrutar la vida, es un planteamiento teórico que defiende alcanzar la satisfacción y la felicidad personal con un estilo de vida sencillo, equilibrado y sostenible. Es un movimiento que se suele representar y relacionar con animales como el caracol y la tortuga.
Uno de los máximos representantes teóricos de dicha corriente de pensamiento es Carl Honoré, escritor y periodista escocés, autor del bestseller mundial titulado “Elogio de la lentitud”, a quien tuve el gusto de conocer en el pasado Congreso de Citymarketing y presentar su conferencia titulada “Nuevos modelos urbanos. El movimiento slow y la ciudad”.
La ideología de la lentitud aplicada a nuestras vidas se fundamenta en una serie de valores humanistas como la apuesta por actitudes de responsabilidad, integridad, honestidad, credibilidad y coherencia que caracterizan a una filosofía ética que rige en todas las actuaciones personales y organizativas; la alta valoración y consideración de la belleza; y, el disfrute de la sencillez, eliminando lo absurdo, lo superfluo, lo innecesario, lo que no aporta valor, y desarrollando talantes más humildes y sensibles en relación a todo lo que nos rodea. 
Otros valores de dicha corriente cultural son la creación de un entorno y de unas condiciones de vida en las que prime la tranquilidad, la habitabilidad y la proximidad; la práctica de la amabilidad y la hospitalidad; el máximo respeto, cuidado y defensa de la naturaleza; y el amor por las tradiciones propias y la pasión por los productos autóctonos y singulares.
Además, esta filosofía se apoya en valores como la educación y formación como fuentes de aprendizaje y conocimiento y de desarrollo personal; la movilización de la creatividad personal y el espíritu emprendedor; la solidaridad y el compromiso social; la libertad en el diálogo, la tolerancia y el respeto a los demás; y la participación activa en el entorno comunitario, intensificando las relaciones personales y sociales y la convivencia democrática.
El movimiento “slow” busca en las personas la liberación de fuerzas motivadoras que creen energía, emoción, entusiasmo y esfuerzo, a partir del fomento de actividades saludables de carácter espiritual (meditación, reflexión, etc.) y corporal (alimentación, práctica deportiva, hábitos saludables, etc.).

Con estos principios, el movimiento “slow” pretende aumentar la calidad de vida de las personas, atendiendo y satisfaciendo sus necesidades y deseos, logrando que disfruten y experimenten sensaciones y emociones positivas; al mismo tiempo, quiere activar la creatividad personal como expresión de libertad y como fuente de progreso y crecimiento. 

Las actitudes y comportamientos personales que genera este movimiento, ayudan a tener una vida armoniosa en términos materiales y espirituales, obteniendo una profunda y equilibrada paz interior con sentimientos de serenidad y reflexión. En las personas se crea un estado de profundo bienestar interior y exterior, que les hace sentirse bien y estar felices. 
Los principios de esta corriente de pensamiento se pueden aplicar a la educación, la alimentación, la salud, los sistemas de producción y consumo, el trabajo, el ocio, el deporte, la moda, la movilidad, el urbanismo, y crean un estilo de vida singular.
Como me reconoció Carl Honoré, se trata de encontrar y aplicar en todas las facetas de nuestra vida el concepto musical de “il tempo giusto”. Ante la aceleración y la velocidad de nuestro mundo, necesitamos “pisar el freno, para anteponer la calidad a la cantidad” y estar satisfechos y sentirnos felices con una vida equilibrada y armoniosa. Carl me dedicó esta frase: “la era de la tortuga está llegando, ¡por fin!”.