Ayer se celebró el Día Internacional del Trabajo Digno. Menos mal que se ha mantenido el adjetivo. El derecho a trabajar casi parece que lo tenemos desde el Genésis (3:19): te ganarás el pan con el sudor de tu frente. Ojalá el gobierno escuche el descontento y haga marcha atrás con una reforma laboral que propone abaratar el despido cómo fórmula de creación de empleo y recorta derechos históricos. Ni rastro de medidas de impulso a la economía: al consumo, de apoyo a las pequeñas y medianas empresas y sobretodo a la investigación. Ese tipo de cosas que reconvertirían nuestra economía en algo de provecho, vamos. Veremos. 

Al problema de la desafección política se le dio una tregua con las primarias celebradas en diferentes demarcaciones del PSOE, especialmente las del PSM, dónde la participación fue muy notable y ganó el candidato no preferido por la ejecutiva. Un ejercicio sano el de abrir debate y hacer participar de una manera más notable a las bases de los partidos en la elección de sus cabezas de cartel. 

En todo caso, empieza un puente largo ¡bien! que en lo personal y lejos -o no tan lejos- de estas reflexiones viene festivo literalmente. Andamos revolucionados en la quesera con una fiesta/boda para la que tenemos preparadas sorpresillas que aquí no puedo desvelar. Y además vuelve el Festival de Sitges, con un inquietante homenaje a El Resplandor. Ha caído el homenaje a Regreso al Futuro y Psicosis y además este año, hablo a ojo, tiene una pinta un tanto más gore de lo usual. El festival se inicia hoy hasta el 17 de octubre y si consigo escaparme para allí lo contaremos aquí, porque no hay que perder las buenas costumbres, caiga la que caiga.