Dissapear

Podría haberme vuelto inmune a la Coca Cola. Tengo mucho sueño, en las últimas semanas he hecho mucho trabajo y muchos kilómetros. Y mientras me empeñó en trabajar más horas de las recomendadas por la OMS, en mi entorno va naciendo gente y va muriendo gente. Recibo fotos a los diez minutos de la recién llegada, tiene suerte, ha abandonado el blanco nuclear que nos acompaña durante generaciones y hablará francés. Es una hermosura.

Otros se marchan sin armar jaleo. Regresamos al pueblo dónde casi ya no vive nadie. Lo llenamos nosotros y se suceden los saludos, extraños en estos casos, dónde no es lo propio alegrarse de verse. El tiempo y la distancia lo hacen inevitable. Todo es rápido y extraño y no noto muy claramente lo que está sucediendo hasta que me envían, escaleras arriba -ser la pequeña eternamente tiene estas cosas- a buscar algo que me encargan, aparentemente nada importante. No hay las bromas ni las sonrisas rápidas al pasar la puerta…, sólo silencio. ¿Dónde vas gitana? Nos hacíamos mucha gracia. Procuro sonreír de todos modos y bajar rápido. Me siento igual de gitana pero algo mayor en ese momento.

Sigue la semana a velocidad le sigo robando horas al sueño. Las prisas son incompatibles con los hechos inevitables de la vida. Por eso no me gusta vivir así. Parece que tengo bastantes ganas de luchar contra los elementos. No siempre se puede. Escucho Dissapear de INXS bastante entregada a la causa. Podría dormirme de pie. La Coca Cola me ha abandonado, pero No Michael Hutchence.

Hoy es uno de esos lunes de aceptación de los propios límites y de que la vida actúa al margen de un@. Este lunes podría acabar con un “vale, gana la banca”. Hoy vendería mi imperio por un plato de lentejas, o por una siesta. Así que, antes de precipitarme recapacitaré despierta. Mira que Esaú se lo vendió a Jacob y desde entonces que tienes a Israel intentando recomponer su mapa. Probablemente Esaú dormía poco. Así, que priorizo el descanso. Hoy diremos un “gana la banca, pero sólo por ahora”.

La foto pertenece a la casa familiar, la del pueblo dónde no había nadie. Para mi siempre ha estado cerrada por peligro de derrumbe. Dado que soy la única que no había entrado y que el perito aprovechó la congreación familiar para informar que empezarían el derribo la semana siguiente, entré sin hacer caso a las advertencias. Me adentré hasta dónde hacía creck. De pequeña bromeaba con comprarla y arreglarla cuando mayor.,aún viéndola sólo a través de las ventanas. Ganó la banca. Por fin pude verla, nada tétrica, luminosa y a punto de irse tras haber dado techo a una lista que no he llegado a cerrar hacía arriba. Pero algunas cosas hay que dejarlas simplemente ir … o dejarlas dormir, para dar paso a las siguientes. Espero que no hagan un parking, cómo se amenaza.

Iría bien un Let it be hoy. Pero cómo decía, prefiero tomarlo así, siempre hay que desaparecer un poco para reaparecer tan vital cómo esta canción.