Si Sífido abandona hoy su piedra en la cima ...

Durante mucho tiempo no podía ver este cuadro. Mi padre, me llevó en repetidas -muy repetidas-ocasiones al Museo del Prado. Aunque no sé si lo sabe, yo escuchaba todas las explicaciones y sólo me evadía cuando, muy agarrada a la mano, sospechaba la llegada del cuadro de Saturno devorando a sus hijos. Por no girarme y encontrármelo- de morros, triunfante- aquello se convirtió en una especie de sorpresa tras sorpresa. Una de las veces por fin, me contó que era Cronos (o eso recordaba yo) devorando el tiempo y que representaba el paso del mismo. No creas que eso me consoló mucho, mas añadió un ¿¿qué?? oscuro y gigantesco… y aunque ahora vuelvo sola y lo busco, me río en secreto y me preguntó si el autor nunca fue un niño ;). … y que para casi todo es tarde …

Por norma general disfruto el paso del tiempo y no me aterra: me gusta ver las agendas vacías e impolutas al inicio del año, adivinar de que estarán rellenos esos días y esa incertidumbre, el folio en blanco que representan, y de qué los pintaré, con plastidecores, a lo sumo ;), que habrá escondido. …que acabe este otoño y resuelva el misterio … que aún no nos rendimos…

Me persigue esta canción cómo acostumbran a hacer de vez en cuando, y mi CD ha desaparecido-¿se lo habrá zampado Saturno?, escondido bajo la cama, aceptado ya cómo fantasma infantil?– En todo caso, hoy al escucharla de una vez, dejarla ser y ya, le he descubierto un final positivo que no había detectado. Y aunque el autor dice que esa piedra que Sífido es condenado a hacer rodar es el amor, se me asemeja más a todo lo que con el paso de Cronos nos mantiene vivos, las cosas que perseguimos por pura mágia, porque creo más en el esfuerzo que en los sueños. Y aunque siempre siempre hay mil trabas y horarios que nos buscamos, cuando eso me sucede y me parezco más bien a Indiana Jones huyendo de aquel balón, acabo siempre en otra canción, de la que ya hablamos aquítu yo muchacha estamos hechos de nubes…¿pero quien nos ata?, para recordarme que no son tantas cómo acostumbramos a enumerar y a oir, en cualquier pasillo, ascensor o autobús.

y quién diablos quiere regresar
si lo que cuenta es aprender
que no está perdido …