… No somos ángeles,

no nos caímos del cielo …


De siempre que me han llamado mucho la atención todas las creaciones que mostraban personas aladas, cual toque hadado. Tengo una especial fascinación, por las que en grandes ciudades presiden enormes edificios, en su tejado. Por encima de la ciudad y cómo una especie de guardián que puede echarse a volar en cualquier momento, pero que curiosamente pesan de sobremanera.

Descarto a las que nos muestran personas aladas con entornos oscuros e inquietantes, que si te fijas, si buscas en la red, son la mayoría. Estarán aladas pero eso de llorar sangre me parece de todo menos hadado. Que angustia.

Con los años, me he reconciliado con los ángeles enormes de algunas iglesias. Y ahora ya puedo atreverme a mirar con más detalle las tallas. Aunque confieso que en una visita a una gran y famosa iglesia portuguesa me perdí una parte de la visita ya que debía atravesar un pasillo de ángeles tamaño persona. Supera en impresión a esos pasillos de El Monasterio del Puig llenos de trajes de obispos, que por cosas que no vienen al caso, se supone debíamos atravesar para cerrar la luz y volver atravesar a oscuras para regresar a lo que eran nuestros aposentos.

Las alas, que tanto me gustan, no puedo asociarlas a imágenes de dolor o autoridades de presencia imponente. Pero no las encuentro apenas asociadas gráficamente a casi nada más. Me tendré que dar al pincel, la cámara o el collage.

Cuando he encontrado la imagen que abre este post ha sido cómo encontrar un pequeño tesoro -en el Flickr de iFrankdmx– que colecciono cuando encuentro. No puedo llevarme a casa al ángel del edificio Metrópolis de Madrid y he de conformarme con saludar al que te encuentras discretamente de cara al bajar por el Portal de l’Àngel de Barcelona. Pero sí conservo la estampa de una de las fotos que decoran la cafetería de La Ventana en San Salvador (El Salvador) que me pareció absolutamente genial y el reciente descubrimiento de uno de los grafitis de Bansky, que a mi me ha pirrado pero no aparece en su galería online…

Me pasó también con Maat, que además representa a la justicia en la cultura egipcia y se me hizo bastante más simpática que nuestra ciega-torpe-sordomuda representación de la justicia.

Las alas sin embargo, no son patrimonio de hadas, ángeles y divinidades varias. Debemos estirarlas un pelín cada día. Sacudirlas de la mierda con la que se ensucian en esta ciudad y extenderlas un pelín, en vez de rodearnos con ellas para protegernos a modo de mantita. Prueba a estirar la espalda, y prueba a echar tus hombros ligeramente hacia atrás. Repite el ejercicio varias veces… ¿no sientes nada?