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Báilame el agua. Úntame de amor y de otras fragancias de tu jardín secreto. Sácame de quicio. Hazme sufrir. Ponme a secar como un trapo mojado. Lléname de vida. Líbrame de mi estigma. Llámame tonto. Olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora. No me arrastres. No me asustes. Vete lejos pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo. Toca mis ojos. Nota la textura del calor. ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos. Deja que te invite a un café, caliente, claro y sin azúcar, sin aliento…

 Bailame el Agua, Daniel Valdés

… o en ocasiones veo a Unax.
 
Báilame el Agua es una de mis películas preferidas dirigida por Josecho San Mateo y basada en el libro homónimo de Daniel Valdés, quien se encargó además de adaptar el guión. Hace mucho que no la re-veo, pero entre ayer y hoy ha vuelto a mi cabeza. Esa que parece estar de vacaciones en momentos como ayer, al cruzarme con Unax Ugalde en mi trayecto habitual. Claro que en ese momento, primera hora de la mañana y con el otoño recién llegado, fue unas milésimas de segundo las que vi al que creí su doble, sentadico, tal cual y sin hacer nada especial. Hay que ver lo que se parece ese chico a. – me dije- y en menos de un segundo me autorespondía “no”, y que no vendría mal bajar mis niveles de imaginación.
 
Hoy que ya nos han plantado el rodaje en la puerta y no en las cercanías dicen que hay un actor joven, un tal Unax …  recurrentemente citado en esta quesera. La sonrisa de Unax Ugalde puede despertar a la teenager de casi tod@s.  Me emocionó tanto en Báilame el Agua que cuando le veo en pelis como Che – en la que no dice una palabra – cómo que una se alegra y suelta ese “mira al Unax“, aunque esa oportunidad debió ser breve, no recuerdo si llega a decir esta boca es mía.
 
Parece persona hermética algo agobiado de tener un guapo subido que de bien seguro sabe que posee. No lo conozco de nada, sólo me baso en impresiones. Creo que se ha esforzado en los últimos años por salir del papel de joven rebelde con o sin causa tendente a drogas y alcohol. Sucede por saltar a la popularidad con un papel que bordado. Me causó cierta repulsión Juan Diego Botto tras Historias del Kronen y es el mismo me causó auténtica debilidad tras Silencio Roto. Pasa con las buenas actuaciones, quién no se habría llevado a Blanca Portillo a casa tras ver Volver y cambiado de esquina tras Los abrazos rotos. Jack Nicholson y Robert de Niro dan miedo desde lo más profundo del subconsciente y que decir de Lluís Homar y el famoso “no me gusta” que oigo a menudo tras su nombre. Cómo decía José Luis Piqueras, Unax Ugalde sería el perfecto Charlie, en un inventado y acertado reparto a la española de Lost. Ugalde todavía espera el papel que le haga salir del cliché y creo que en los últimos tiempos va haciendo puntos para ello. Por lo pronto con La buena nueva de Helena Taberna, un drama histórico que se plantea el papel de la Iglesia en la Guerra Civil se llevó el Premio al Mejor Actor en el Festival de Valladolid (2008), entre otros premios.
 
Báilame el Agua, que contiene el texto que encabeza este post, no es una película juvenil al uso, sino un verdadero viaje al dolor y también a la inocencia. Hace tiempo que no la veo, porque en este momento estoy segura que quizás la vería diferente a cómo la vi entonces. Y aunque triste, respira una naturalidad y simpatía al fluir de la vida en su inicio que no podía sino ser en si misma una canción de Los Secretos, tal y cómo sabiamente contiene su Banda Sonora, ya hemos hablado aquí anteriormente.
 “Esta Santiago Segura”, m’han dit. Pues vale.
 
Larga vida al niño bonito del cine español (para los ratones, por lo menos) por ahora diría que pronto le veremos de nuevo. En la pantalla. A ver qué.