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Es el título de un libro de Luis Rojas Marcos, que anda en mis estanterías y no he leído, debería, me parece un título estupendo, que me parecía ideal para este post. 
Ya han pasado unos diitas desde las vacaciones de Semana Santa, mas largas para algunos que para otros. Cómo toda vuelta que se precie se han repetido por doquier las conversaciones con frases del tipo ¿Qué tal las vacaciones? Muy bien, muy cortas. Bien, desconectando. ¡Uy! las vacaciones, ¡no me lo recuerdes que ya estamos de vuelta!. Oh! podían ser mas largas. Psss, ya de vuelta. psss, ya ni me acuerdo. O lo peor y mas escuchado. El top de los tops en mi lista individual de frases escuchadas: Ya de vuelta a la normalidad. Ya de vuelta a la vida real.

Ha ahondado fuertemente en nuestra mente que los períodos de no trabajar son una especie de concesión celestial que nos deja estar en otra vida -¿en la vida de otro?- unos días,unas semanas, a veces incluso un mes. Y luego, cómo si nos despojaran de la identidad, a juzgar por los comentarios, nos devuelven al traje, al metro y a un guión. Que llamamos: vida normal.

No recuerdo haber sido otra persona cuando mi calendario laboral me ha permitido mas horas de “libre elección” de horarios. ¿Qué hay del equilibrio? ¿Por qué esa sensación de que se transita tan mal de un estado al otro? ¿si es real nuestra vida laboral porque llamamos, luego consideramos, irreal el resto? ¿Es este el mejor modelo productivo que hemos podido crear?

El invento no es tan nuevo: Historia de las vacaciones de Roxana KreimerEs un artículo cortito, no perder detalle de los conceptos manejados, luego, si quieres, lo comentamos.