Es la sensación que a una le queda escuchando lo que son los ecos, recuerdos de lo que sucedió el 11 M de 2004. No es que sea todo lo que quede, ni mucho menos, pero las causas, tarde o temprano desaparecerán y las víctimas siempre permanecen. No pretendo entrar en este momento en un debate sobre que es y que papel debe jugar una asociación de víctimas y mucho menos el uso político, de las víctimas y de los hechos, que quedó atrás, parece. Simplemente esa sensación de fragilidad extrema que se sucede tras las muertes repentinas, aún mas marcadas cuando afectan a toda una sociedad que siente las heridas del shock y la pérdida cómo tal. Nunca sabremos ni cómo ni cuándo. Sabiendo de la fragilidad de la vida sólo nos queda una: VIVIR, VIVIR, VIVIR.

Dicen ellos, que es la canción de amor que nunca hubiesen querido escribir. Y aunque pocas veces escucharemos la Oreja de Van Gogh en la quesera, sí lo haremos hoy. Además todos los beneficios por esta canción son destinados a la Asociación 11-M.