Un troll se metió en mi cuento este fin de semana. No me refiero a los trolls hackers reventa blogs, sino a los trolls de los cuentos, con misión destroyer. No pasa nada, la gran comunidad de ratones no le dejó paso, aunque nos pasamos una horas mareados y bajo los efectos nerviosos y alucinógenos del olor del troll. Sólo metió el brazo,y dió un zambombazo, era uno de esos torpes ataques irreales y los ratones que estaban allí les estuvieron haciendo hondas durante un rato los bigotes. El ratón lector y el ratón revolucionario intentaron poner un poco de sentido común, pero la ratita que escombrava y el ratón que manda empezaron hablar lenguas extrañas – otro de los efectos conocidos del tufo del troll- con lo cual no se podían entender. Los trolls nunca llegan a los cuentos realmente, menos mal, pero cuando se van y el susto de la amenaza desaparece y la vacuna del tiempo hace desaparecer el temblor de bigotes, los ratones se sientan a comer queso y se cierra con hilo de cuento la hoja que rompió.Sí, sí ¡existen hilos mágicos! Que cosen las cosas. Y ya no ves más, porque ya no existe el hueco porque el que metió la zarpa el troll. Y sólo les queda lamentarse de haber pasado un mal rato. Cortito, un ratito, sólo un ratito. El resto del fin de semana estupendo. Y el lunes nihilista, cómo debe ser. Yeah. Troll 0, Ratones 1. ¡Empezamos la semana!