I. El amigo invisible

Manolo tenía aspecto de alemán. Nada que ver, minero, aragonés y con mucho sentido del humor. Quizás más sentido del humor que su católico entorno que políticamente – y no sólo por el Régimen – le tocó. Muchos amigos, demasiada guerra, batalla del Ebro incluida. Y pese a todo aficiones trompetistas en la orquesta, y muchas risas, a pesar de que la guerra y la post-guerra llenaron este país de gris ceniza, rojo entraña, patatas y frío. Mucho tabaco, poco alcohol y muchísimo café ayudaron a que apenas superara la cuarentena. Eso es todo lo que sé. Porque a veces se habla más de las idas y venidas crueles de la vida, que del encanto de la cotidianeidad. No hay fotos, dicen, y aunque yo imaginación tengo mucha ( como ha quedado demostrado), ni remotamente conseguía imaginar que cara, y que expresión podría tener. Tampoco he pensado mucho más en él, para que mentir. Algo sí los últimos meses, cuando con su mujer, mi abuela, se me fueron las últimas oportunidades de que alguien me diera algún dato más, una imagen aunque fuera distorsionada por el tiempo.. Pensé de nuevo hace unos 10 días. No sé si fue lo primero que vi al cerrar los ojos para dormir o un primer sueño….venía un señor caminando de lejos, paisaje seco, railes…pensé en él y expulse esa imagen y ese pensamiento enseguida…total, tampoco le veía la cara.

Adivinad que ha caído en mis manos el día 5….dos o tres fotos…una de ellas, es sólo una cara, una antigua foto carné…esa era la cara yo no podía creer / crear. Ahora sí sé.

FELICES REYES MAGOS.


II. El enemigo invisible

Por algún motivo que no sé en que pensaba yo, confesé mi voto en el encuentro con “los amigos” para seguir el recuento electoral. Creo que me sentía extraña de haber votado eso, aunque en ese momento lo encontré necesario. Voto útil pensé. Y ahí me lance yo a confesar mis pecados buscando algo de risa y comprensión. Pues bien. Llevo tres meses aguantando una tras o otra bromas al respecto, sin parar. Yo creo que ni saben por dónde me sopla el viento, porque es cena tras cena, quedada tras quedada que sólo se dirigen a mí para bromear sobre el President – ese que a mí tampoco me gusta, pero no sé si es que no me escuchan, no me conocen, o esto de los 30 cercanos les tiene que ni sintonizan con nada fuera del guión habitual-. Ahí llegué yo, el cinco por la noche. Con ganas de cenar y irme porque no me encontraba con ganas de party massive y tampoco ahí iba a poder hablar. Llegó el amigo invisible…tachán….: tengo un Montilla Caganer, enorme, de barro, hecho a mano que casi me produjo un llanto instantáneo en la mesa ( a lo En la Ciudad, por otros motivos, pero surrealista ídem que me habría quedado). Aguanté. Pensé en darle el codazo accidental en varias ocasiones…crash!!….se habría notado demasiado. Hoy por hoy, se lo voy a regalar a Joselito. Dejarlo en la puerta de la Generalitat, es tentador…pero claro….