Casi se nos escapa de la cartelera…pero no. La pequeña Miss Sunshine me devolvió mi perdida fe en el cine.


A parte de que la historia, los diálogos, los personajes – entre los cuales soy incapaz de escoger un protagonista, todos destacan, de todos te das de la mano- es sobretodo una película sana.

Puede parecer difícil de creer, porque el drama y la crítica que le da cuerpo no es poca cosa. Una família compuesta por un abuelo drogadicto obsesionando con el sexo y presionando a su nieto, que quiere ser aviador,y está a su vez enganchado a Niestzche y ha prometido no hablar; un matrimonio en crisis, una madre superglú y un padre intentando vender su método para alcanzar el éxito, el sueño americano. A la familia se suma el tio, que está para pocos trotes tras un intento de suicidio por desamor y “todo” gira entorno a Olive, que quiere Miss infantil , encantadora, con barriga y gafotas. ( yo tenía unas así, a ver si va a haber sido eso)

La crítica es feroz, el viaje en la furgoneta de obligado seguimiento. Y cómo he leído por ahí, de color amarillo gafe, y la vida mismita.

He llorado de risa y carcajeado, y hay que contenerse –vamos si quieres- por no aplaudir o bailar en determinados momentos.

Nadie es perfecto, gracias a Dios. Y en la imperfección reside el encanto, sin duda alguna. Aunque todo depende de quien sea el imperfecto…, no cuento más.

Ellos lo hicieron mejor:

Cineralia


pero sobretodo, no dejes de verla.