Hay quien es capaz de traficar con sus vivencias más íntimas.

Son serpientes.

Roberta se movía libremente (en el sentido “espiritual”) por aquella ciudad de provincias. Claro que a ella le parecía inmensa y el mismísimo NY City. Le gustaba sentirse Holly, colgada del brazo de un hombre anodino sin nombre, más lista que nadie con sus trajes de Prada sin tener un duro, sus amantes y el corazón roto y inocente cuando convenía (nunca entendió que esa partedel personaje de Truman Capote era real).

Roberta hacía de su pasado una obra maestra, “de huida del pasado borrascoso al brillo de la purpurina”. De su época de carabetera conservaba una gracia que podía parecer innata, Roberta es una artista. Pero una falsa Holly. Roberta prostituyó su pasado y su cuerpo de manera real y en algún momento su desquiciada aspiración le podía haber llevado a cometer algún crimen. Estaba sola, creemos que no lo hizo, pero nunca lo sabremos. Ella es una artista. Se quedó en la superficie del personaje de Capote y no supo leer entre líneas. Roberta es la parodia del personaje con el que Capote delira y despista al lector poco ávido en dobles lecturas que no sean morbosas. Un lector no interesado en la intensidad real de las vivencias y que cree en un morbo que posiblemente la Holly real no poseía, o no maliciosamente. Roberta sí, creía en su poder, sus claros y sombras. Creía mucho en si misma. Por lo tanto sus debilidades jamás serían vistas, antes danzaría y bailaría y pondría purpurina y luego sentiría mucho lo que pasará luego manipularía sonreiría y sacaría su seductor nato. Porque Roberta había seducido a todos hombres y a todas las mujeres (excepto las feas) que se le antojó. “Ser invertida els hi agrada als homes tampoco entendió esa parte de la novela que la llevó a creerse la encarnación no ya de Holly sino de Audrey Herpburd. Sedujo a todos, o no a todos, le falló uno. Roberta siempre hablaría de sus conquistas y resultaría creíble, sólo auténticos clarividentes verían ese no éxito y la enrome debilidad que le producía. Mordía desquiciada entonces a escondidas. Todo controlado. Roberta es una serpiente y si te sientas a su lado te enrollará, te llorará, te mimará, dirá que te adora, te ofrecerá las galletas que ella misma hizo y te contará sus intimidades que nunca querrías saber. Tanta sinceridad te desbordará y si leíste Desayuno en Tiffany’s pensaras que hablas con ella, que bajo los pasos seguros y bellos de Haudrey Herpburd esconde la fragilidad y lo desbordante de su desgraciada vida, y creerás hablar con alguien a quien la emotividad no le cabe en el pecho.

Pero Roberta es una serpiente y una gran demagoga (todos lo sabían en su cabaret, pocos en la ciudad de provincias) pero desconoce la sabiduría tradicional profunda (esa tan profunda que dice que “todo se sabe”, “que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”…esa sabiduría tan poco sofisticada…para prestarle atención).

Es por eso que Roberta teme a muy pocas cosas en esta vida, sólo conserva algunos miedos infantiles, a las brujas y a los comunistas.

p.d: Holly debía ser interpretada por Marilyn y no por Audrey. Audrey lo bordó, pero quizás le faltó la verdad de la inocencia de Marilyn….¡ ese es otro tema!