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Todas las noches, al acostarme, en cuanto mi cabeza tocaba la almohada, llegaba aquello. Era unrostro, una fuerza, una anergía, feroz, terrible. Y risas, una risa maliciosa que se escuchaba cuando aquella ” cosa” arremetía contra mí una y otra vez. Aterrorizada, implorándole a mi guía que me ayudara, encendía la luz…pero incluso eso no ” lo” paraba y, noche tras noche, una semana tras otra, me acostaba temblando, con miedo a cerrar los ojos, y preguntándome porque Águila Gris no me protegía. Estaba al borde de la extenuación por la falta de sueño. Así que, rogando para que aquélla fuera la noche en que parara, me acosté. Puse la cabeza en la almohada y cerré los ojos. Ahí estaba ” aquello” otra vez, riéndose, acercándose a mí… y entonces sucedió algo: reaccioné, simplemente reaccioné. El cansancio había superado al miedo.  -Vete -grité y levanté la cabeza para acercarme- no tengo miedo, así que lárgate, déjame en paz. Y ocurrió algo asombroso. Aquella ” cosa” que había sido una energía tan terrible empezó a disiparse ante mis ojos. No sólo comenzó a desaparecer sino que se desintegró hasta convertirse en nada. Comprendí que ” aquello” se había alimentado de mi miedo.

Rosemary Altea. El orgullo del espíritu